Carta abierta al Papa Benedicto XVI 
Saturday, September 8, 2007, 07:11 PM - Ciencia, Astronomía, Ecologismo, Política, Religión
Ilustrísimo Papa:

He visto que usted ha declarado que "sin verdad, la ciencia puede destruir el mundo" y otras cosas como que ha hecho un llamamiento a la clase política para que aprueben ayudas para que los hijos no sean considerados "como casi una enfermedad, o una carga" y animó a los jóvenes a casarse y a tener hijos.

Ante esto, como científico y creyente, animo a su excelencia a que reflexione conmigo.

La ciencia es, por su método, la búsqueda de la verdad. La mentira en ciencia tiene las patas muy cortas. Esa búsqueda de la verdad puede encontrarse con problemas éticos que han de ser salvados con acuerdos entre ciencia y sociedad. Muchas veces, las investigaciones científicas pueden ayudar a fijar dichas fronteras éticas. No es la primera vez que eso ocurre y, si no, recuerde como la ciencia (y más concretamente la mía, la astronomía) a provocado cambios en la percepción del cosmos oponiéndose a la verdad religiosa. Otro tanto tenemos con la Biología al descubrir nuestra evolución (aceptada ahora por la Iglesia Católica). Entienda su Ilustrísima que ciencia sin verdad no es ciencia. Y, por favor, no malinterprete mi afirmación como un acto de soberbia.
La ciencia puede equivocarse, pero su objetivo es la verdad: acercarse todo lo que pueda a ella y en ese empeño espera ayudar a la comprensión de lo que vivimos. La ciencia también tiene sus limitaciones. Hay hipótesis que son imposibles de verificar o falsar para un científico, como la existencia de Dios. Eso no quiere decir que Dios no exista. Es, simplemente, una cuestión fuera del ámbito de la ciencia. Ciencia y religión deben existir para que todas las preguntas tengan respuesta. Las que no puede responder la ciencia son del ámbito de la religión. El conflicto puede surgir cuando una pregunta, cuya respuesta se encuentra en el ámbito de la fe, obtiene una respuesta inesperada en el ámbito de la ciencia. En esos casos, la religión ha de evolucionar. Afortunadamente, la Iglesia Católica ya lo ha hecho en el pasado y debe seguir haciéndolo en el futuro.

En cuanto a lo que dice sobre la baja natalidad en Europa, tengo que contestarle que en un sistema en equilibrio, las variables que lo describen permanecen estables tomando valores alrededor de un punto de equilibrio. El crecimiento vegetativo 0 es algo deseable en todo el mundo. Es la única forma de conseguir un equilibrio entre los seres humanos y nuestro entorno. Un crecimiento constante solo puede llevar al desastre ecológico, a la falta de recursos, a la hambruna y las epidemias. En Europa hemos llegado a un nivel de vida bueno, donde envejecemos con un nivel de salud más que aceptable, donde no tenemos guerras ni pasamos hambre. Hemos llegado a un crecimiento vegetativo de los más bajos del mundo y eso es motivo de alegría. Europa aspira ahora a tener un menor consumo de combustibles fósiles, a reducir la contaminación y reconciliarnos con nuestro entrono. Un crecimiento exponencial solo nos llevaría a seguir dependiendo de los combustibles fósiles y, cuando se acaben, a un gran desastre humanitario. En el tercer mundo, la población sigue creciendo. No han llegado a un equilibrio. Su nivel de vida es muy bajo y tienen guerras y hambrunas. En el futuro, su nivel de riqueza per capita sera ínfimo y, por tanto su calidad de vida será aún menor. ¿qué es lo que quiere usted? ¿Equilibrio o desequilibrio? Si su respuesta es equilibrio, tenga en cuenta que eso solo se consigue con crecimiento vegetativo 0. Por tanto, no anime a los gobiernos a que favorezcan el aumento de natalidad.
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